La constancia alcanza lo que la dicha no

Decía Mario Benedetti…

“No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.”

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Me doy permiso…

Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia, de las que me ignoran, me niegan un beso, un abrazo…Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida. Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan. No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo, no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado. Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso. Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme. Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.

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Ama(te)

Cuando me amé de verdad.

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

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Charles Chaplin.

El Mundo es de los valientes

El otro día vi la película del “Guerrero Pacífico” basada en la novela Way of the Peaceful Warrior de Dan Millman. No me dejó distraerme ni un segundo, reflexión tras reflexión. Basada en un hecho real, de las que a mí me gustan. Sin duda apuntada queda en la lista de mis pelis favoritas. En Perú se llama “El camino a la felicidad”, no me extraña.

Cuenta la vida de un gimnasta, Dan Millman, interpretada por el actor Scott David Mechlowicz. Dan Millam es un ex atleta campeón del mundo, maestro de artes marciales, entrenador y catedrático universitario. Sin duda demostró haber nacido para ser un atleta de élite dado su abundante talento. Después de 20 años de búsqueda espiritual intensiva, las enseñanzas tomaron forma como el Camino del Guerrero Pacífico y son plenamente expresadas en sus libros y clases. Su trabajo evoluciona continuamente a fin de cubrir las necesidades de un mundo en continuo cambio.

La preocupación del protagonista es competir en los Juegos Olímpicos y ganar el oro. Su vida se basa en vivir rodeado de superficialidad, competición, premios, sexo y fiestas. Aparentemente lo tiene todo. Saca buenas notas, su padre es rico  y en el entrenamiento es envidiado por todos sus compañeros. Un alma vacía en una vida de falsa plenitud. El cambio llega con el encuentro de un hombre misterioso que es dueño de una gasolinera, al que lo bautiza como “Sócrates”. Dan comienza a meterse donde en realidad si le llaman y es entonces cuando “Sócrates” comienza a cuestionarle sobre la vida:

S: “¿eres feliz? Si lo eres,  ¿porque no puedes dormir por las noches?…”

S: “La mayoría de la humanidad sufre, si no se consigue lo que se quiere y hasta cuando lo consigues sigues sufriendo porque no lo puedes conservar para siempre”

D: “Ahora mismo solo quiero ganar el oro”

S: “El oro es un capricho” (solo así sería feliz, oyes esa vocecita)

D: “Es un sueño, vale, no puedo creer que los sueños sean malos”

S: “No puedes rendirte ante tus sueños, tienes que rendirte ante lo que no tienes y nunca tendrás, el control, acepta que no controlas lo que te ha sucedido, que puede que compitas o no en los Juegos Olímpicos, puede que sí, puede que no y que tú siempre serás excepcional en ambos casos”

Y qué grandes verdades…

Dan consigue dejar atrás su pasado, para superar el gran obstáculo y reto que la vida le plantea: un accidente de moto. Es entonces cuando empieza a replantearse y descubrir una nueva forma de ver la vida. Dándose cuenta de que todo este tiempo había estado pensando de forma equivocada y viviendo perseguido por el miedo al fracaso. Sin detenerse ni un segundo en mirarse al espejo y darse cuenta de quién realmente es. Pasando de largo el valor de cada momento. El pacífico se transforma en Guerrero. Ya os he contado bastante…tendréis que verla😋

Me sentí muy identificada en la escena en la que el protagonista pregunta: ¿no sé qué hacer ahora? ¿qué me está pasando? ¿qué haces cuando pierdes todo lo que da sentido a tu vida?. “Sócrates” le contesta: todo en la vida tiene un propósito, incluso esto (el accidente) y depende de ti descubrirlo.

Los que me conocéis o me habéis leído sabéis que para mí, conseguir mi sueño de ser Inspectora lo era todo, era lo que le daba sentido a levantarme cada mañana y seguir, seguir… hasta que descubrí que hay mucho más.

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Cambios…

Uno tiene su vida montada, planificada, más o menos estructurada, y el destino, o los dioses, o la buena o mala fortuna decide que la vida debe cambiar. Y tú, qué no tienes control alguno sobre el destino y muchísimo menos sobre el designio de los dioses, te quedas con cara de idiota mirando cómo todos tus planes se desmoronan ante ti. La estabilidad tiene los días contados y los sueños a largo plazo empiezan a ser utopías.”

Cuando volvamos a casa de Núria Gago.

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