Ninguna desgracia podrá herirte si descifras la lección que encierra en ella.

En realidad nunca he llegado a contar con claridad el por qué de este blog. Me negaba a pronunciar la palabra. La que tanto dolor y rechazo me causaba. Tenía miedo. Tampoco nadie me habló claro en su día pero es que todo hay que decirlo, esto es algo raro de cojones y como bien me dijeron “te ha tocado”. Así que apechugué como mejor supe hacerlo.

Hasta hace unos meses me negaba a creer que yo tenía una enfermedad. Pensaba que una enfermedad como tal no me podía estar pasando a mí. Que era algo psicosomático y se iría. Y menos de la forma en que apareció. Me negaba a pensar que jamás me curaría. Mis mañanas del verano de 2015 no podría describirlas. Por aquel entonces vivía con mi ex pareja y una psicóloga de la asociación me llamaba cada semana para hablarme sobre la que sería “mi nueva vida” porque así viviría el resto de mi vida. La oía pero no la escuchaba y dejé de hacerlo. Le agradezco enormemente su labor pero no… Es entonces cuando comenzó la lucha. Empecé a ir a mil sitios. A probar cientos de tratamientos. Todo el mundo quería ayudarme y para todos me convertí en un reto personal, ya que nunca habían tratado con una paciente con esta patología. Así estuve unos cuantos meses, diría que un año. Probando por aquí y por allá. Todo por alcanzar o al menos rozar la ansiada curación. Pero nada lo hacía.

Hasta que un día dejé de escuchar a todo el mundo para empezar a escucharme a mí. Creo que es lo mejor que he hecho en mi vida. Eso y viajar sola con mi distonia a cuestas. La tabla de surf doy gracias que no me la dejaron pasar porque hubiese muerto el día 5 en lugar del 15. Allá que me fui, aquí al lado. Bali. Mi sueño. Yo sabía que tenía que ir. Una vez más mi intuición me decía vete, puedes hacerlo. Y así fue. Me entrené para ello y me fui con mi cabeza a cuestas. Eso sí, no lo vuelvo a repetir jaja, me río pero llegué llorando de dolor. A pesar de todo, ¿sabéis lo más importante que me dió ese viaje? La hostia de mi vida. La que necesitaba para despertar. Ese viaje me puso en mi sitio. Me dijo bien alto y claro “no estás bien, después de año y medio sigues igual. No tienes calidad de vida. Tienes una enfermedad que es rara pero por suerte existe una solución. Opérate. Hazlo. Sufrir más, ¿para qué?”. Cuando volví estuve mes y medio en cama, con una contractura de caballo y asimilando lo que BAli me había puesto en las narices y que yo llevaba meses evitando. Fue duro. Pocos lo entendían. Y yo lo entendí al volver. Allí disfruté de todo lo que pude y más. Fui muy feliz. Era consciente de cómo estaba. Me notaba incluso mejor pero en mi interior me sentía a medias. No podía perderme una pero tampoco podía dar todo de mí porque la realidad es que estaba limitada. Fui cuidándome día a día sin dejar de hacer el que era mi plan. Surf y exploración por esa isla que tiene un algo que atrapa. Volveré y esta vez a vivirlo hasta quemarme. Muy pronto!

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Aún recuerdo cuando en la sala de consulta me acerqué a una mujer que tenía distonia. Yo se la noté y como nunca había visto a nadie, necesitaba ese entendimiento. La comprensión de alguien que estaba pasando por lo mismo. Me moría de ganas. Ella era mayor que yo y estaba en mejor situación. Me contó que se conformaba con ir a pincharse cada tres meses botox. Sí, botox y no en las patas de gallo precisamente jejeje. Yo que le tenía miedo a las agujas y cada vez que voy salgo como un colador.

La vida está constantemente poniéndonos delante aquello que nos da miedo y si no aprendes algo te lo repite. ¿Os dais cuenta? Es para crecer aún más.

La mujer sin su mala intención, aunque podría haber hecho un mutis chitó, me dijo: “y sabes que esto no tiene cura, no?”. Yo asentí y con poco más que decir me volví a mi asiento y me dije “sí la tiene Carol”, no pienso conformarme con el botox. Puedo estar tranquila de que nunca he parado. Es más he sobrepasado mis límites. Me he roto costillas. Sigo haciendo ejercicio. He conocido a personas de todo tipo pero lo cierto es que nadie iba a curarme y tampoco se trataba de eso. Si hay alguién que puede hacerlo es uno mismo y desde el primer día la vida me llevó por el camino de la sanación interior y yo le seguí. 

Conocer “para qué” la vida me había puesto en esta tesitura. Sacar lo positivo. Entenderlo. Aceptarlo. Y créeme cuando lo descubres es muy maravilloso. El yoga sin duda ha sido mi gran aliado.

Mi consejo… si me atraevo…. Haz lo que tu cuerpo te pida y sea bueno para él. Cuida de tu mente tanto como de tu cuerpo. Aparta la basura mental. Sigue tu intuición. Nadie mejor que tú sabe lo que necesitas. Cuando la aceptación llega a todo tu ser la vida te va dando lo que necesitas y créeme cosas muy buenas. Creo sinceramente que dentro de lo jodido, (podría escribir un libro contando mil historias, fases, anécdotas…) esto ha sido un aprendizaje y un crecimiento interior inmenso. Nunca volveré a mirar la vida con los ojos de antes. Por más que quisiera la historia no cambia y tampoco quiero. Sigo siendo la misma pero diferente. Una mejor versión y doy las gracias!

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Podría resumirlo…….. En una bofetada de madurez. En un “párate y vive el ahora”. Estate aquí y no te compliques. Escúchate. Relájate y vive desde la calma. Sin pausa pero sin prisa. Consigue esa paz y no te quedes atrás ni vayas al futuro. Llora y después ríe. Sé consciente. Permítete sentir lo que toque en cada momento.  Suelta lo que reste. Ámate como a nadie para después amarlo todo.

GRacias. He descubierto lo que me apasiona. En realidad soy una suertuda.

Estoy preparada para lo que tenga que venir.

Y ya va para dos años cuando me dijeron “tienes una distonia, no mires internet….”. Gracias María José, fuiste veloz.

En fin, seamos capaces de superar el dolor comprendiendo la enseñanza, nadie dijo que fuera fácil pero es imperioso sobreponerse y refugiarse en el consuelo del fluir de la vida, en la fortaleza del alma que nos ilumina para aceptar, confiar, creer y poder seguir. Siempre con coraje. Siempre poniendo por delante el corazón. Sin durezas ni frustraciones. No dejemos que el miedo venza.

A veces la ruta más larga nos da la experiencia necesaria para saber qué hacer al llegar a nuestro destino.

Carol

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